Belleza sin cabeza

La belleza es uno de los atributos humanos más cotizados. A lo largo de la historia humana siempre se valoró la belleza tanto femenina como masculina, y actualmente hay quienes hacen girar su vida en torno a esta cualidad.

Por poseer un lindo rostro, un físico atractivo y una buena estatura, hay quienes ganan miles de dólares semanales exponiendo su cuerpo ante las miradas del mundo. No hubo un sacrificio previo (excepto quizá la dedicación a la dieta y el ejercicio), no hizo falta estudio o dedicación, simplemente nacieron con el atributo de la belleza, y por eso obtienen un provecho económico.

No es fácil ignorar la belleza, pero no lo es todo. Sé muy bien que en la adolescencia y la juventud temprana, el atractivo físico de la otra persona juega un papel fundamental al inicio de la relación, pero puedes equivocarte mucho si solamente empleas ese criterio en tu elección.

Alfredo Bottoni, el padre de un gran amigo, nos dijo en una ocasión: “La belleza dura unos años y luego te queda el carácter de la otra persona. No se dejen arrastrar solo por la figura. Sepan mirar el corazón, la sencillez, la honradez, aprendan a observar los atributos que los ayudarán como personas en esta vida”.

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Proverbios 31:30.

Las Escrituras no le restan importancia a la belleza física, y mencionan dos características para recordar: “Engañosa” y “vana”. La primera hace alusión al carácter, ya que un lindo rostro y una figura escultural pueden hacer que algunos concluyan que también el corazón es atractivo. En cambio la “vanidad” hace alusión a algo “inútil” y “sin provecho”, es decir: ¿de qué sirve el atractivo físico si el carácter es repulsivo? La belleza exterior sin belleza interior es inútil, vana.

El criterio de elección que recomiendan las Escrituras es “el temor a Jehová”. Solo aquellos que tienen un temor reverente de Dios, que procuran vivir bajo la luz de su Palabra y hacen de su vida un canal de bendición para los demás, tienen la alabanza y la aprobación divina. El atractivo exterior tiene valor hasta cierto grado, pero la entrega a Dios no tiene precio.

Cuando escucho en las noticias que alguna actriz o algún actor famoso y renombrado por su atractivo físico se divorció numerosas veces, me pregunto ¿Habrán recordado sus cónyuges que en la convivencia poco importa la belleza? ¿Cuánto tiempo puedes convivir con alguien egoísta, orgulloso, que nunca pide perdón cuando se equivoca, rencoroso y malhumorado? No creo que mucho. Así que no dejes de valorar el consejo bíblico, ya que el temor de Jehová hará que esa persona tenga un carácter tal que dé gusto vivir con ella.

David Brizuela (“Encuentros con Jesús”)

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