La generosidad nos trae bendiciones

En cierta ocasión a un joven estudiante de medicina se le descompuso su automóvil en medio de una carretera solitaria. Tratando de encontrar ayuda caminó mucho, hasta que llegó a la choza de una pobre viuda a quien le pidió un vaso de agua.

El joven estudiante desconocía la situación que la viuda vivía, pero ella muy generosamente le dio dos vasos de leche.

Varios años después, cuando el joven ya era medico graduado y trabajaba en el hospital del pueblo, la viuda enfermó gravemente y fue hospitalizada de emergencia. Cuando ya iba a salir del hospital, la viuda dijo que no tenía con que pagar la cuenta.

El médico que años atrás había recibido la ayuda generosa de aquella pobre mujer, se enteró de la situación y decidió pagar todo. La viuda salió del hospital y no pagó ni un solo centavo.

Su generosidad fue premiada.

“Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos;”
1Timoteo 6: 18

Cuando somos generosos, sembramos en la vida de los demás; así que, la cosecha será abundante, si la siembra lo ha sido; las bendiciones serán muchas, si la generosidad ha sido mucha. La cosecha se multiplicará.

El que siembra amor, cosechará amor; el que siembra odio, cosechará odio. No vamos a recibir si no hemos dado.

La generosidad incluye que nos entreguemos a Dios. Si estamos en Cristo y él vive en nosotros, la generosidad brotará en nuestras vidas.

Cuando estamos en el amor de Dios, hemos hecho un compromiso con él, le entregamos todo lo que tenemos. Eso contribuye a poder demostrar nuestra generosidad con los demás, primeramente con los del hogar.

Dios nos ayude a sembrar generosamente para poder disfrutar de todas sus bendiciones.

Por Huellas Divinas

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