Historia: Un refugio para el perro

Todos los días al dirigirme a mi trabajo veía aquel perro sarnoso, en el patio de una casa cercana. Tenía el pelaje sucio y lleno de nudos. Me daba lástima.

Estaba encadenado a una estaca, de manera que podía correr en un gran círculo. Pero el césped había desaparecido y sólo había suciedad.

En los días de lluvia el patio se convertía en un enorme lodazal en el que se sentaba, de modo que el barro le llegaba hasta las ancas. Si el día era caluroso, el perro no estaba mejor, ya que no tenía ningún refugio para resguardarse del calor.

Como se acercaba el invierno tenía la esperanza de que sus dueños le comprarían una caseta. Pero no lo hicieron. Decidí que se la compraría yo. El domingo siguiente encontré una en un mercadillo de segunda mano. Era encantadora, parecía un iglú. Y me la llevé a casa.

Al día siguiente pasé a la casa donde estaba el perro y le dije al dueño que le había comprado una caseta al animal pensando que le sería útil. El hombre la aceptó gustosamente y la colocó en el patio.

Cada mañana, cuando pasaba, mantenía la esperanza de ver al perro descansando dentro de la caseta. Pero yacía en el polvo y cuando llegó el invierno se mantenía echado sobre el lodo. Pasó un año desde que le compré la caseta que estaba en una esquina del patio ofreciendo refugio y alivio, pero el perro no le hacía caso alguno. Me sentí muy triste al ver aquello.

Creo que puedo imaginarme, aunque solo un poco, cómo se siente Dios cuando nos ve viviendo aquí en la tierra. Mira nuestra condición miserable y se ofrece así mismo como refugio y consuelo. Pero muchas veces no queremos su protección. Preferimos las emociones, la excitación y la diversión. Vivimos para nosotros mismos, cuando vivir para Dios nos traería mucha más felicidad y satisfacción.

Tú, Señor, eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la roca que me protege. 2 Samuel 22: 2-3 

Demasiado a menudo, las personas pasan por la vida sin hacer caso de Dios. Lo ven como el último recurso. Estoy seguro de que Dios se siente feliz cuando finalmente llegan a conocerlo. Pero habría sido mucho mejor si lo hubiesen encontrado cuando eran jóvenes. Podrían haber disfrutado las ventajas de conocerlo, en lugar de vivir en el lodo.

Adaptado de “El Viaje Increíble” (Renee Coffee)

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