Todos podemos llevar un mensaje de esperanza

Luciana cada mañana se sentaba cerca de la ventana de su apartamento en el cuarto piso, situado en la ciudad de Sao Paulo, Brasil. Observaba como las personas a diario caminaban a sus trabajos.

A ella, aunque quería salir a trabajar, se le complicaba ya que padecía de una enfermedad que la tenía inmóvil de sus piernas, y para movilizarse tenía que utilizar una silla de ruedas. En ocasiones asistía a la iglesia con la ayuda de familiares o amigos.

Una vez, estando en la iglesia vio como un grupo de jóvenes salían a lugares públicos a entregar hojas volantes, como servicio a Dios para que más personas asistieran a la iglesia y conocieran del amor de Dios. Ella se conmovía, ya que deseaba acompañarlos, pero su discapacidad le imposibilitaba poder servir a Dios.

A la mañana siguiente, ella oró a Dios diciéndole que deseaba servirle y llevar su mensaje a otras personas. En medio de la oración ella recibió una idea, consistía en que cortara siete papelitos y que en cada uno de ellos pusiera la frase “Jesús te ama” y un texto bíblico. Al terminar la oración, llevó a cabo la idea. Cuando tuvo los siete papelitos listos, los dobló y oró por la bendición de aquel mensaje, luego fue hacia la ventana. Al mirar que venía una persona caminado por la acera, cerca de su edificio tiraba un papelito, de inmediato la persona se detenía y lo tomaba. Una de esas personas venía de un funeral y al leer el papelito que decía que Jesús le amaba soltó lágrimas y agradeció a Dios por el mensaje, otro venía del hospital, desahuciado, y al leer el papelito miró al cielo y sonrío dando gracias a Dios. Cada uno de los papelitos llevaba el mensaje de Dios, ese mensaje que cada una de esas personas necesitaba escuchar por su situación. Luciana había sido el medio el cual Dios había usado para llevarles esperanza.

¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: «Tu Dios reina»! Isaías 52:7 NVI

La historia de Luciana es un testimonio de como Dios puede usar nuestras vidas para servirle con amor y que no existe ningún impedimento o limitante para llevar su mensaje a aquellas personas que lo necesitan. Ahora que vivimos en un mundo totalmente comunicado pareciera que el amor hacia los demás se está desvaneciendo, el velar por el bien de aquellos que nos rodeas se ha vuelto en un tema ignorado, buscando únicamente el bien propio. Habiendo tanta necesidad entre las personas de escuchar un mensaje de amor departe de Dios.

Cada uno, como parte de la iglesia, podemos retomar su mensaje y ser una luz en medio de la oscuridad que agobia a la humanidad, como la más clara representación del amor de Dios en la tierra.

Si has vivido mirando tus limitantes que impiden llevar ese mensaje o vives posponiendo el tiempo que has de salir a llevarlo. Ahora Dios desea que salgas y lleves las buenas nuevas a todo aquel que lo necesita.

¿Qué esperas? Hoy es el día de llevar su mensaje.

Por Huellas Divinas

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