Nunca te avergüences de una amistad verdadera

Jackie Robinson era un niño afroamericano que era muy bueno para el béisbol. Tenía cinco hermanos y su abuelo había sido esclavo. Cuando Jackie nació, aún había mucho desprecio hacia la gente que tenía el mismo color de piel que él.

Cuando a Jackie lo contrataron para ser un jugador en las Grandes Ligas, fue víctima de mucho racismo. En las gradas de los estadios, los espectadores se burlaban de él; recibió cartas con amenazas de muerte; durante algunos juegos hasta le lanzaron gatos negros. También los jugadores de los demás equipos lo insultaban y atacaban. Algunos le escupían; a veces el lanzador contrario, al arrojar la pelota, trataba de pegarle en la cabeza.

No fue fácil para Jackie sobrevivir en ese ambiente tan hostil. Se cuenta que en un juego cometió un error, y los espectadores lo empezaron a abuchear. El joven pelotero se quedó en la segunda base, sintiéndose muy mal al escuchar las burlas desde las gradas. Pee Wee Reese, uno de los jugadores de su equipo, pidió tiempo fuera y se dirigió a la segunda base, donde se encontraba Jackie. Cuando llegó pasó su brazo sobre el hombro de su compañero, y así permaneció durante un buen rato, mirando a la multitud que poco a poco fue callando.

Era como si hubiera dicho a todo el mundo: «Jackie es mi amigo. No me importa el color de su piel, es mi amigo». Años más tarde, comentó que ese brazo alrededor de su hombro había salvado su carrera.

…hay amigos más fieles que un hermano. Proverbios 18:24

¿Te has avergonzado alguna vez de un amigo o amiga? Si conservas tu conexión con Jesús, jamás permitirás que se cometan injusticias en contra de tus amigos y amigas.

Noemí Gil Gálvez (“Conéctate con Jesús”)

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