Ake, un joven marinero sueco, estaba parado en la cubierta del barco, observando las olas. En su mano, tenía una botella vacía. “Ya sé lo que voy a hacer”, pensó. Buscando un pedazo de papel y una lapicera, escribió un corto mensaje. “Si eres una chica Linda, por favor, escríbeme. Me gustaría mantener correspondencia contigo”. Luego, Ake colocó la notita en la botella y la tiró por la borda.

Unos pocos meses más tarde, un pescador de Sicilia estaba en su pequeño bote de pesca, cuando vio una botella flotando hacia él. La recogió, y encontró el mensaje en su interior. Riéndose, se llevó la botella a su casa.

-Paolina, tengo algo para ti —dijo, mientras le brillaban los ojos. –

-¿Que es, papá? —preguntó su hija.

-Un mensaje en una botella. Tómalo.

Paolina se rio cuando leyó la nota. Decidió seguir la corriente a lo que ella consideraba una broma, y escribió una carta al joven marinero. Él le contestó y pronto las cartas iban y venían. Luego de numerosas cartas, Ake hizo los arreglos para ir a visitar a Paolina y a su familia. Entonces, en el otoño de 1958, dos años después de haber arrojado la botella al mar, Ake y Paolina se casaron en Sicilia. Paolina estaba contenta de no haber ignorado el mensaje en la botella.

Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Juan 10:9,10

A nosotros también se nos ha dado un mensaje, una invitación especial de Dios. Jesús dice: “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. ¿Responderás?

Helen Lee Robinson (“En algún lugar del mundo”)

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