El gigante de Cardiff

En octubre de 1869, dos hombres estaban cavando un pozo detrás de un granero, cuando golpearon algo duro.
– Es un pie, ¡un pie gigante! -exclamó uno de los hombres.
– Sigue cavando. Quizás haya algo más.

Pronto apareció una pierna, luego otra pierna y luego el pecho, hasta que desenterraron un cuerpo de más de tres metros de largo.

Cuando los periodistas se enteraron de este sorprendente descubrimiento, lo llamaron “La octava maravilla del mundo”. Pensaron que era un gigante petrificado. Miles de personas vinieron a verlo, y el dueño de la granja comenzó a ganar dinero cobrando entrada para ver al Gigante de Cardiff, como lo llamaron los diarios.

Lo que el público general no sabía era que un hombre llamado George Hull había planificado todo con mucho cuidado. Él había contratado escultores que esculpieran una estatua realista. Luego, hizo que enterraran al “gigante” en la granja un año antes de que pidiera a los trabajadores que cavaran un pozo. Todo salió tal como había sido planificado, y la mentira que le hacía ganar dinero había logrado engañar a todos.

Jesús nos advierte que no seamos engañados por las grandes decepciones. Algunas personas se harán pasar como si fueran Cristo. Otros nos dirán: “Mira, Jesús está aquí” o “Cristo está allá”. Pero, Jesús nos advierte que no debemos creerles.

“Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” —Mateo 24:26, 27

Jesús promete volver, y dijo que será un acontecimiento importante, visible para todos, no solamente para unas pocas personas aquí o allá. Así que, si alguien te dice que Jesús ya ha vuelto, no le creas. Cuando él regrese, todos lo sabrán.

“En algún lugar del mundo” (Helen Lee Robinson)

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