Dale tiempo al tiempo

Hace tiempo leí un simpático relato que me hubiera gustado conocer mucho antes. Se titula «El caballo volador» y lo cuenta el escritor Bernard Man-delbaum.

Es la historia de un rey que condenó a muerte a uno de los súbditos del reino. Desesperado por salvarse, el hombre hizo una propuesta atrevida:

—Su Majestad, si me permite vivir enseñaré a volar a su caballo en el término de un año.

Al rey no le disgustó la idea, de manera que le concedió al hombre lo que pedía. Cuando los amigos del condenado a muerte le preguntaron por qué había prometido semejante barbaridad, el hombre explicó.

—Durante un año pueden suceder muchas cosas. El rey puede morir. O yo mismo puedo morir. Quizás el caballo muera. No sé… En un año, ¡hasta un caballo puede aprender a volar! (Choose Life, pp. 7, 8).

La respuesta del hombre puede causar risa, pero tiene su pizca de sabiduría. ¿Cuántas cosas pueden pasar en un año? Muchas. Por supuesto, cualquier cosa menos que un caballo vuele. Pero tanto el rey como el caballo podían morir, en cuyo caso el acuerdo perdería su vigor.

¿Qué nos enseña esta historia? Por lo menos dos cosas. Una tiene que ver con el valor del tiempo. Cuando enfrentamos situaciones difíciles, siempre que sea posible conviene «dar tiempo al tiempo». Ahora no vemos una solución al problema, pero ¿quién sabe? Como dicen por ahí, «amanecerá y veremos».

La otra enseñanza tiene que ver con nuestra actitud ante los problemas. Aunque la solución que el hombre de la historia propuso parecía una locura, su actitud era cualquier cosa menos negativa. Tenía todas las de perder, pero él esperaba que ocurriera lo mejor, no lo peor.

El camino de Dios es perfecto; la promesa del Señor es digna de confianza. —2 Samuel 22:31

¿Estás atravesando por una situación realmente difícil? Si ahora mismo están soplando vientos huracanados en tu vida, esta es mi sugerencia para ti: espera en Dios. Pide a tu Padre celestial que aumente tu fe para creer que, aunque ahora no ves una solución a tu problema, a su tiempo llegará. En otras palabras, Dios proveerá.

A fin de cuentas, ¿hay algo difícil para Dios?

Padre celestial, aumenta mi fe para creer que nada es imposible para ti. Y para confiar que, a su debido tiempo, mi problema se solucionará.

Por Fernando Zabala (“Dímelo de frente”)

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