Ten cuidado con lo que piensas

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El hermano de mi mejor amiga se graduó en el instituto y fue a la universidad. Cuando volvió a casa por Navidad, dijo a su familia qué hacían los veteranos para iniciar a los alumnos que querían unirse a su hermandad. Los novatos eran llevados a una sala y sentados de uno en uno frente a una chimenea. El cabecilla de la hermandad sacaba un acero al rojo de las brasas.

Después de darse la vuelta, se dirigía al candidato. Cuando estaba cerca, alargaba el pedazo de metal. Al mismo tiempo, otro miembro de la hermandad tocaba el cuello del novato con un pedazo de hielo.

—No se lo van a creer —dijo Fred—, pero cuando sacaban el hielo debajo había una ampolla.

Si tomas un pedazo de hielo y te lo pones sobre la piel, la piel se te enfriará, pero no le saldrán ampollas. ¿Por qué les sucedía a los jóvenes que reunían a la fraternidad?

Cuando sentían el hielo en el cuello y veían el acero incandescente el cerebro enviaba un mensaje a la piel: «Te acaban de quemar. Protégete». Y el cuerpo respondía con una ampolla.

Esta historia demuestra la estrecha conexión que existe entre el cuerpo y la mente, todo lo que pensamos tiene un efecto directo en el cuerpo.

Buen remedio es el corazón alegre, pero el ánimo triste resta energías. proverbios 17:22

Si permites que el enfado y los pensamientos negativos acampen en tu cerebro serás una víctima más fácil para las enfermedades. Pero si piensas en positivo y albergas pensamientos alegres estarás mejor protegido contra las enfermedades. Hazte un favor y vigila tus pensamientos.

Tomado de “El Viaje Increíble” (Renee Coffee)
Crédito de fotografía: Manel

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