Solo soy uno

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Joanne es una trabajadora social. A simple vista no pareciera ser la más destacada en su profesión. Pero ella posee un don que no desperdicia en absoluto. Cierto día Joanne vio a una madre que cambiaba el pañal a su bebé. La escena no habría tenido nada de extraordinario, excepto por un hecho inusual: el pañal estaba sucio, pero en lugar de lanzarlo a la basura, la madre sacudió el excremento y se lo puso de nuevo al bebé.

¿Por qué la madre hizo eso? Después de averiguar, Joanne supo que los programas de ayuda social de los Estados Unidos no incluyen pañales. Joanne rápidamente se dio cuenta de las implicaciones. Por el lado de los niños, mayores riesgos de infecciones; y también mayores posibilidades de ser objeto de violencia (los niños lloran más al estar sucios, y al llorar más, los padres tienden a responder con violencia). Por el lado de los padres, menores opciones de conseguir quien cuide del bebé. Y menores posibilidades de conseguir trabajo.

¿Qué podría hacer Joanne ante la situación, no solo de esa madre, sino de miles de otras? Se le ocurrió entonces crear un Banco de Pañales. Y comenzó a pedir donativos. Al principio el proyecto se movió con lentitud. Después de tres años difíciles, el panorama comenzó a mejorar. Para el momento de escribir esta nota, Joanne está distribuyendo unos ciento cincuenta mil pañales al mes. Ya tiene varios empleados de tiempo completo, a quienes les paga de los donativos que recibe. Y otras personas han comenzado a crear otros bancos de pañales en sus ciudades (www.miller-mccune.com/health/clean-start-4232).

¿Cuál es el don que posee Joanne, y que no desperdicia en absoluto? Hay muchas cosas que no sabe hacer, pero lo que emprende lo hace bien. Su ejemplo confirma la gran verdad que expresó Edward Everett Hale:

«Soy solo uno, Pero al menos soy uno. No puedo hacerlo todo, Pero puedo hacer algo; Y porque no puedo hacerlo todo, Haré bien lo poco que puedo hacer».

¿Ya descubriste cuál es ese «algo» que puedes hacer? No importa lo que sea, hazlo bien, en servicio al prójimo y para la gloria de Dios. Nunca te conformes con menos. Recuerda que representas a Dios.

Padre celestial, inspira en mí el deseo de hacer siempre lo mejor que pueda.

Tomado del libro Dímelo de Frente (De: Fernando Zabala)

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