Controlar o consentir

Troya. ¿Qué evoca en tu mente la mención de esta ciudad de la antigüedad? Es muy probable que hayas pensado en el caballo de Troya. Cuenta la leyenda que durante diez largos años, los troyanos resistieron con heroísmo los ataques del ejército griego. Cuando la paciencia de los soldados griegos estaba por sucumbir, Odiseo (llamado también Ulises) propuso crear un gigantesco caballo, introducir a los soldados más valientes en su interior y obsequiarlo a los troyanos como supuesto premio a su valentía. El ardid consistía en que, una vez que el caballo estuviera en el interior de Troya, en el momento oportuno los soldados griegos abrirían las puertas de la ciudad para que entraran los refuerzos.

¡Qué cosa más curiosa! Sucedió que los mismos troyanos abrieron las puertas de la ciudad para que entrara el enemigo que durante diez largos años no había podido quebrantar su resistencia. La caída de Troya ilustra muy bien esta gran verdad: Nada puede contaminar nuestra mente a menos que nosotros mismos lo permitamos. Ni siquiera Satanás, con todo su poder, puede obtener el acceso a tu mente a menos que le abras la puerta desde adentro. Así lo expresa muy acertadamente el siguiente pensamiento del libro El hogar cristiano: «En ningún caso Satanás puede dominar los pensamientos, palabras y actos, a menos que voluntariamente le abramos la puerta y le invitemos a pasar» (p. 365, el destacado es nuestro).

¿Quién en su sano juicio le abriría «la puerta de su mente» a Satanás para que entre? Pues esto es exactamente lo que hacemos cada vez que descuidamos el control de las así llamadas «avenidas del alma», nuestros sentidos.

¿Qué clase de libros y revistas estás leyendo? ¿Son edificantes las películas que estás viendo? ¿Qué tipo de música escuchas? ¿Se sentirá cómodo tu ángel guardián con la clase de material que llega a tu mente a través de las avenidas de tu alma, los sentidos?

«Sobre toda cosa que guardes —dice la Escritura— guarda tu corazón, porque de él mana la vida» (Prov. 4: 23, RV95).

A TU MENTE LLEGARÁ SOLAMENTE LO QUE TU PERMITAS QUE LLEGUE.

Es decir tú tienes «la llave de esa puerta». O controlas o consientes. Ese es el dilema.

Padre amado, ayúdame para que hoy y siempre solo entre a mi mente todo lo que es verdadero, lo recto, lo puro, lo que es de buen nombre.

 Tomado de meditaciones matinales: Dímelo de Frente (Fernando Zabala)
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